miércoles, 16 de julio de 2008

¿Por qué me opongo al proyecto de uniones civiles?

Mario Aguilar
Periodista
Como asesor legislativo, tuve la oportunidad de analizar el proyecto de ley de Uniones civiles entre personas del mismo sexo. Desde que empecé el estudio hasta ahora, no he cesado de denunciar que “este es un matrimonio disfrazado” que han querido promover las organizaciones gay lésbicas del país.
Me opuse, me opongo y me seguiré oponiendo por razones de diversa índole:
Morales y espirituales. El concepto de matrimonio tal y como fue diseñado por Dios es de tipo heterosexual. El Señor constituyó a un hombre y a una mujer para gobernar sobre la tierra, para unirse entre ellos y procrear. Nunca fue el Plan Divino, establecer que dos hombres, o dos mujeres, se unieran en vida matrimonial, es más ésta práctica es condenada en La Biblia y considerada como pecado.
Constitucionales. Desde que en 1949 se promulgó la Constitución Política de la República de Costa Rica, el espíritu del constituyente fue proteger el matrimonio heterosexual, es decir entre un hombre y una mujer. El artículo 51 establece que la familia tendrá protección del Estado y el 52 afirma que el matrimonio es la base esencial de la familia.
La Sala Constitucional se ha pronunciado sobre la supuesta violación de Derechos Humanos que pregonan los movimientos homosexuales, al establecer que la igualdad sólo se debe dar entre iguales y obviamente las uniones homosexuales no son iguales a las heterosexuales.
El fondo del proyecto. Pero mis principales argumentos son de orden jurídico y no hay que ser muy diestro en la materia para entender que los diputados proponentes buscan con esta iniciativa homologar las uniones civiles con el matrimonio heterosexual.
En un recurso tecnológico tan simple como Wikipedia.com usted encontrará que: “Una unión civil es uno de los varios términos usados para un estado civil similar al matrimonio, creados típicamente para permitir el acceso de las parejas homosexuales a las ventajas gozadas por las parejas heterosexuales casadas”. Agrega que: “Estos tipos de uniones civiles son paradójicamente idénticos al matrimonio en casi todo excepto el nombre”.
Los movimientos homosexuales, al no haber logrado que se les reconozca el matrimonio han recurrido a esta figura en varios países del mundo. Dinamarca, Noruega, Israel, Suecia, Islandia, Hungría, Uruguay, algunas provincias de Argentina y Brasil, así como California, Columbia, Maine y Nueva Jersey, estos últimos en los Estados Unidos, figuran entre los que han aprobado legislación de esta naturaleza.
La intentona de los diputados y diputadas, así como del movimiento homosexual costarricenses, no es, entonces algo nuevo. Es una estrategia mundial que busca camuflar un matrimonio.
Desde el mismo artículo 2 del proyecto se establece que la existencia de la unión civil homosexual requiere consentimiento legal y expreso. Es decir, un matrimonio civil.
El artículo 5 define que la unión civil se realizará ante un juzgado de menor cuantía y faculta a los notarios para celebrar este tipo de ligámenes. También obliga a inscribir los mismos ante el Registro Civil. Es decir, un matrimonio civil.
Los posteriores artículos son una copia del Código de Familia, con la pretensión de equiparar ambas figuras: el matrimonio y las uniones civiles homosexuales. Se hablar de impedimento legal, requisitos, unión civil por poder, forma de celebración, publicación del edicto, efectos, responsabilidades y obligaciones.
El interés de homologar ambos tipos de relaciones es más notorio en el artículo 20 cuando se habla de adulterio como un motivo para rescindir el contrato.
Espero no haberle quitado mucho tiempo, pero tenía que escribir para alertar sobre esta iniciativa de ley. Quienes profesamos la fe Cristiana, más del 85 % de la población de este país, tenemos que oponernos a este tipo de proyectos.

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